Evitar el problema no es la solución


En ocasiones te enfrentas a situaciones desagradables, te encuentras con personas, bien amigos o bien familia, con las que no es fácil lidiar, ni tampoco te lo ponen sencillo. A veces no te queda más remedio que relacionarte con ellos y resulta complicado seguir en calma y en paz porque lo más seguro es que te saquen de tus casillas la mayor parte de las veces. 

¿Cómo afrontar esas situaciones? Es complejo.

Lo más probable es que te cojas un cabreo importante, vuelvas echando pestes a tu casa y allí descargues con el primero que te tropieces y, además, estés en bucle el resto del día rumiando todo lo que te han hecho pasar o cómo te han hecho sentir.

Hasta que un día, algo en tu cabeza hace un "clic" y te dices "hasta aquí". Te das cuenta de que ya no puedes seguir así, te das cuenta de que evitando esas situaciones o a esas personas, no consigues nada, sólo estás retrasando el ponerle solución porque va a seguir ahí hasta que tú decidas ponerle freno, hasta que tú te plantes y deje de afectarte e infectarte lo que los demás hagan o digan, hasta que deje de importarte. A los demás no los puedes cambiar, no puedes pretender que piensen y sientan como tú. Así ya no serían ellos. Serían una prolongación tuya. Y, entonces, comprendes que ellos están aquí, a tu lado, para cumplir una función: que tú evoluciones, que te superes a ti misma, que aprendas a ponerte por encima de roles que no te corresponden, ni tampoco te pertenecen... 

No se trata de sentirte por encima de nadie, ni que pienses que tú estás por encima del bien y del mal, ni tampoco se trata de mirar a nadie por encima del hombro porque ven las cosas de manera distinta a la tuya. Consiste en ponerte tú en tu sitio y a ellos darles el sitio que les corresponde, ni más ni menos. Consiste en cuidarte, en mirar por ti, en primarte tú sobre todas las cosas y que, pase lo que pase, contándote lo que te cuenten o tratándote de una manera que no te agrada (siempre desde el respeto), hagas todo lo posible por estar siempre en paz contigo misma. Eso no debes permitir que te lo arrebate nadie.

Tu paz mental no tiene precio.



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